Poemas en negrilla y oteadores en fuga

13 agosto, 2006

El final y Siete poemas, de Mark Strand

Archivado en: Poesía Oteador rip — Inma BABiAS @ 9:33

 

El final

 

Mientras zarpa la nave y observa el muelle
ningún hombre conoce la canción que cantará al final
ni lo que pasará cuando esté atrapado, inmóvil, entre los rugidos
del océano sin posibilidad o esperanza de retorno, allá al final. Cuando no haya más tiempo para podar las rosas
o acariciar el gato, y el crepúsculo que enciende el césped
y la luna llena que lo refresca no existan,
ningún hombre sabrá cómo reemplazarlos.
 Mark Strand. Canadá, 1.934-

Cuando el peso del pasado se apoye en la nada
y el firmamento sea apenas una luz en el recuerdo
y las historias de cirrus y cúmulus lleguen a su término
y las aves permanezcan suspendidas en su vuelo,
ningún hombre sabe lo que le espera, o la canción que cantará
cuando la nave donde viaja entre a lo oscuro, allá al final.    
                                                                                               

                                                   Siete poemas

1   En el filo                                      2  Una cicatriz recuerda la herida.
     de la noche corpórea                         La herida recuerda el dolor.
     diez lunas suben.                               Una vez más estás llorando.

3   Cuando marchamos en el sol
     son nuestras sombras como barcas de silencio.

4   Mi cuerpo se tiende                 5   La roca es placer
     y escucho mi propia voz                 y se abre
     tendida a mi costado.                   y entramos en ella

                                                       como entramos en nosotros mismos
                                                       cada noche. 
    
 6   Cuando hablo a la ventana        7   Tengo una llave
     digo que todo                               abro la puerta y camino dentro.
     es todo.                                      Está oscuro y camino dentro.

                                                      Está más oscuro y camino dentro.

La llegada de la luz, en     http://desdebabia1.wordpress.com/2007/01/05/de-strand-a-strand-y-poesia-oteador-rip-iii/

Y más en los Cuadernillos babianos

11 agosto, 2006

Remordimientos en traje de noche, de José Luis Piquero

Archivado en: Poesía Oteador rip — Inma BABiAS @ 8:32

¿Qué estoy haciendo aquí, qué hacemos todos

copa en mano, apurando el indolente

pitillo de la fiesta, tan tranquilos

y pasándolo bien, como si nada

sucediese en el mundo, como si

tuviésemos derecho y fuese lógico?

Hagamos una pausa. Considero

las desdichas del prójimo: una guerra

remota, la sequía en las regiones

del hemisferio sur, o una explosión

en una calle atónita, rompiendo

en mil pedazos cuerpos como el mío.

Cosas que causan víctimas, monstruosos

terremotos, miseria. Y no obstante,

¿acáso es justo que la indiferencia

sea cifra de culpabilidad?

Sabemos que convierte en inocente

a la víctima: haber sido la víctima,

estar allí en el momento indicado,

naciendo, paseando, siendo uno,

como si no existiese una inocencia

original, sino sólo complejos

resortes del azar que repartiesen

inocencias terribles.

Es así

que el condenado a muerte inspira alguna

simpatía. Nos consta que, a su vez,

es víctima, instrumento de un designio

inescrutable, brazo de otros móviles.

Y sobre todo, aquel a quien mató,

qué fue sino uno más, otro culpable

que cualquier circunstancia expuso un día

a mortal inocencia.

Por lo tanto

la indefensión redime, y al fin somos

cada uno de nosotros potenciales

víctimas y posibles inocentes,

y ser culpables sólo es un estado

de probabilidad, como una espera.

Y estamos aquí solos, con la carga

de la culpable y frágil salvedad,

sabiendo que pudimos ser los otros,

nacer allí, pasar en ese instante,

pero siendo nosotros y aliviados

y pasándolo bien, que es lo más lógico.

Empuñando la copa y el pitillo

como imposible escudo contra el miedo.

En Monstruos perfectos ( 1. 997)

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 Ver en los cuadernillos babianos más poemas 
Ver Eva Vaz y José Luis Piquero, dos poemas de 69

1 agosto, 2006

Diciembre, de Charles Tomlinson

Archivado en: Poesía Oteador rip — Inma BABiAS @ 16:41

 

 Constancia de la escarcha, cada vez
más blanca, más helada. Parecía
que el fulgor salino de los cristales
hubiera transformado la esencia de las cosas
al cubrirlas: tus pasos cruzaban aquel mundo
como si de un momento a otro fuera a romper

en campanas de vidrio, o en helados vibráfonos,
y la luz golpeaba las colinas inermes
y les daba relieve: alineados
en lo blanco, los árboles mostraban
nervios de taracea, mínimos, irreales,
y el sol daba de pleno en su leve armadura
que pronto, en una sola tarde, se desharía.

Constancia de la escarcha, cada vez

Charles Tomlinson  (Stoke on Trent, Reino Unido, 1927) 

más blanca, más helada. Parecía
que el fulgor salino de los cristales
hubiera transformado la esencia de las cosas
al cubrirlas: tus pasos cruzaban aquel mundo
como si de un momento a otro fuera a romper

en campanas de vidrio, o en helados vibráfonos,
y la luz golpeaba las colinas inermes
y les daba relieve: alineados
en lo blanco, los árboles mostraban
nervios de taracea, mínimos, irreales,
y el sol daba de pleno en su leve armadura
que pronto, en una sola tarde, se desharía.

  

4 julio, 2006

Licantropía contemporánea, de Louis Aragon

Archivado en: Poesía Oteador rip — Inma BABiAS @ 17:21

Louis Aragon (1.887-1.992)                    Retrato de Matisse

 

 

 El grado más alto de la tristeza tanto puede ser
un general ciego mendigando a través de las islas
Como hacia las 3 de la mañana la avenida
de la Ópera
No hay límites para la melancolía humana
Se cuenta siempre con una piedra para colocar sobre la pirámide
de las lágrimas
Estáis seguros de padecer tanto como una mujer estrangulada
en el momento en que ella sabe que todo ha terminado y desea acabar
Estáis seguros de que no valdría más ser
ser estrangulado si uno piensa en los cuchillos de las horas que se acercan
Desde hace tiempo vivo mi último minuto
La arena que mastico es la de una agonía invisible y perpetua
Las llamas que hago recortar de tiempo en tiempo por el peluquero
son las únicas en delatar el negro infierno interior que me habita
Como cuerpos privados de sepultura
los hombres se pasean por el jardín de mi mirada
Soñadores inexplicables
o soy el único a quien golpea una mano desecada
en este desierto poblado entre estas flores áridas

Amo y soy amado Nada nos separa
Por qué entonces estar triste en el corazón espléndido del amor
El mundo sacude su estúpida cabeza Sabelotodo
Amo aunque la vida sea mortalmente intolerable
Amo aunque luego me vea obligado a aullar
se extiende por el horizonte donde graznan inútilmente los cuervos
Sin embargo en cada árbol hay un ahorcado que se balancea
en cada hoja una mancha de sangre

Qué puede haber peor que el cielo al amanecer o el betún de la tarde
Qué es eso que me impide morder a los paseantes en los bulevares
La amargura que siento crecer en mí puede ser el primer
torrente de un diluvio
a cuyo lado el otro parece un vulgar desborde de cloacas
Recuerdo que en mil quinientos cuarenta y uno
cerca de Pavía
cuando me apresaron en la campiña por donde deambulaba
víctima de los primeros efectos del mal
los campesinos no quisieron creerme cuando les dije la verdad
Rehusaron tomarme por lobo furioso
a causa de mi piel humana y Santos Tomases
eternos de la ciencia experimental
cuando les confesé que mi piel lupina estaba oculta
entre pellejo y carne
con sus puñales me hicieron tajos en los miembros y el cuerpo
para verificar mis melancólicas afirmaciones
no me tocaron la cara
espantados por la atroz poesía de mis rasgos

 

Qué es eso que me impulsa a aullar en las tumbas
qué es eso que me obliga a escarbar irresistiblemente en el polvo
donde duermen los enamorados en descomposición
Qué vas tú a exhumar como si la luz viviente
no tuviera bastante con las heridas de los vivos
Dadme el lenguaje tenebroso de los ajusticiados en la silla eléctrica
el vocabulario último de los guillotinados
La existencia es un ojo reventado Que se me entienda
bien un ojo que hacen reventar a cada instante
O lo haré examinar con engaños por un médico alienista
o bien lo mataré fríamente
amor mío
durante su sueño mientras yace pálido y desnudo
mientras los lobos surgen en torno de los cementerios donde duermen
los bellos días que pasamos juntos amor mío. 

30 junio, 2006

Remo, de Moya Cannon

Archivado en: Poesía Oteador rip — Inma BABiAS @ 12:28

 

Camina y camina tierra adentro
con tu remo,
hasta que alguien te pregunte
qué es.

Entonces hazte tu casa.

Porque sólo entonces necesitarás decir y saber
que el mar es inmenso e insondable,
que el impulso del remo
contra la ola
y con la ola
lo es todo.

 

 Moya Cannon, poeta irlandesa contemporánea, nació en Dunfanaghy (County Donegal) en 1956, Ha publicado Oar (1990) y Murdering the Language (1996).

18 junio, 2006

Luna nueva y otros poemas de Margaret Atwood

Archivado en: Poesía Oteador rip — Inma BABiAS @ 9:30

Tres poemas: Luna nueva. Un rastro en llamas. Una piedra.

  

Luna nueva 

 

La oscuridad espera aparte desde cualquier ocasión que surja;
como la pena, siempre está disponible.
Ésta es sólo un modelo,
el modelo en el que hay estrellas
sobre las hojas, brillantes como clavos de acero
e incontables y sin que se las haga caso.

Caminamos juntos
sobre hojas muertas
húmedas en la luna nueva
entre las rocas nocturnas amenazadoras
que serían de un gris rosado
a la luz del día, roídas y suavizadas
por el musgo y los helechos, que serían verdes
en el olor mohoso a levadura fresca
de árboles que enraízan, la tierra devuelve
lo mismo a lo mismo,

y cojo tu mano, que tiene el aspecto que tendría
una mano si de veras existieras.
Deseo mostrarte la oscuridad
que tanto temes.

Confía en mí. Esta oscuridad
es un lugar al que puedes entrar y sentirte
tan seguro como en cualquier otra parte;
puedes poner un pie delante del otro
y creer a los lados de tus ojos.
Memorízalo. Lo sabrás
de nuevo cuando te corresponda.
Cuando la apariencia de las cosas te haya abandonado,
todavía tendrás esta oscuridad.
Algo propio que puedes llevar contigo.

Hemos llegado al borde:
el lago entrega su silencio;
en la noche exterior hay un búho
cantando, como una polilla
en la oreja, desde la costa lejana
que es invisible.
El lago, vasto y sin dimensiones,
repite todo, las estrellas,
las piedras, a sí mismo, incluso la oscuridad
en la que puedes caminar
hasta que se convierta en luz 

 

Un rastro en llamas

 

 (I)
Fue el dolor de los árboles
lo que hizo este rastro,
la carne cortada fluida de ellos sólo
parcialmente sólida.
Son sus cicatrices lo que marca el camino
vamos al lugar donde
el paisaje se ha acabado
y no hay más allá.

(II)
Arder es también quemarse.
Todos los senderos por este bosque
que se quema, abiertos delante de ti y cerrados
por detrás hasta que los pierdes.

Éste es el bosque de lo perdido:
piedras abandonadas. Madrigueras.
Raíces atadas a las rocas.
Un sapo en este aura
fresco; una estrella de tierra, extendida
y de cuero, emite polvo.
Ninguna de estas cosas sabe que está perdida.

(III)
Hemos venido por una puerta de sol, roja y otoñal,
otro entierro. Aunque no es otoño, el viento tiene ese frescor.
El viento ligero de una puerta que se cierra.
El último resquicio del cuarto menguante.

(IV)
Escojo mi camino despacio
contigo a través del bosque en llamas,
cicatriz a cicatriz, otra vez por
la historia, sigo las normas:

Para recuperar lo que has perdido,
vuelve a tus pasos al momento
en que lo perdiste. Estará allí.

Aquí está la X, a tiempo.
Cuando al final esté sola,
mi sombra y mi propio nombre
volverán a mí.

(V)
Me arrodillo y cavo con la hoja de mi cuchillo
en la tierra y no encuentro nada.
He olvidado qué escondí aquí.

Debe de ser el cuerpo de aire claro
que dejé aquí cuidadosamente bajo tierra
y pensé que siempre podría
volver y habitar.

Creí que podría vivir sólo conmigo misma.
Creí que podría flotar.
Creí que siempre tendría una oportunidad.
Ahora estoy de vuelta a la tierra.
Una encarnación.

(VI)
Éste es el último paseo
que doy contigo en tu ausencia.

Tu piel se extiende por donde toco,
luego desaparece y la madera solidifica
alrededor tuyo. Estamos en esta situación.

Cuánto te quiero.
Me gustaría ser sabia y prudente.
Te haría eterno.
Te devolvería de la muerte si pudiera,
pero ¿dónde estarías sin ella?

Podemos vivir para siempre,
pero sólo de vez en cuando.

(VII)
Ahora hemos alcanzado el punto rocoso
de la costa, y el cielo oscurece,
aunque el agua todavía tiene luz
y la ofrece en forma de vapor
o de fuego. Espero, escucho ese
lugar donde debería haber un sonido
y no lo hay,
que no es mi corazón
ni el tuyo, que es más oscuro
y más solitario,
que llega. Que es el sonido
que hace la tierra por sí sola,
sin nosotros. Una piedra hace el eco de una piedra.
Los pinos se apresuran sin moverse.

Una piedra

 

En la mesa de madera la llama
de la lámpara arde hacia arriba sin sonido
y así avisa a las almas más pequeñas
desde donde han estado escondidas por el día
en tocones que se pudren y en la corteza que se desprende
de los árboles
y chocan suavemente contra la ventana,
sus vientres de plumas lamen el cristal.

Una gaviota eriza el aire de la noche
con su canto de plata limpia,
una tristeza ligera,
y quien ha estado siempre allí
sale de las sombras.

¿Has tenido bastante felicidad? dice ella.
¿Has visto
suficiente dolor? ¿Suficiente
crueldad? ¿Has tenido bastante
de lo que hay? Llega
hasta aquí.
¿Estás ahora preparada para mí?

Madre oscura, a quien he llevado conmigo
durante años, una piedra en el bolsillo,
conozco la fuerza de la gravedad
y que cada cosa tiende a caer

contra su voluntad.
Nunca te negaré
o creeré sólo
en ti. Vuelve a tu piedra
ahora. Espérame.

 

La escritora canadiense Margaret Atwood ha sido galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008.
Para celebrarlo, el poema Antes -que también dejó rip en el Foro-  http://desdebabia.spaces.live.com/blog/cns!84C6F33AC3CBDB38!2727.entry
 

Ver

http://desdebabia1.wordpress.com/2008/06/25/la-escritora-canadiense-margaret-atwood-ha-sido-galardonada-con-el-premio-principe-de-asturias-de-las-letras-2008/

14 junio, 2006

Insomnio, de Elizabeth Bishop

Archivado en: Poesía Oteador rip — Inma BABiAS @ 9:18

La luna en el espejo de tocador
contempla (tal vez orgullosa

de sí misma, pero jamás se sonríe)            
millones de millas

en la distancia y más allá del sueño,
o quizá duerma de día.
Si el Universo la abandonara,
ella lo mandaría al infierno
y encontraría una extensión de agua,
o un espejo, donde morar.
Envuelve pues tus cuitas con una telaraña
y tíralas en el pozo
a ese mundo invertido
donde la izquierda es siempre la derecha,
donde las sombras son en realidad el cuerpo,
donde nos quedamos despiertos toda la noche,
donde el cielo es tan llano como el mar
es ahora profundo, y donde tú me amas.

10 junio, 2006

Estás cansada, de E. E. Cummings

Archivado en: Poesía Oteador rip — Inma BABiAS @ 0:35

 

Estás cansada

(yo creo)
del perpetuo enigma de vivir y sus afanes;
y yo también.
Ven conmigo, pues,
y partiremos muy lejos
(sólo tú y yo, ¿comprendes?).
Tú has jugado
(yo creo)
y has roto tus juguetes más queridos,
y ahora estás algo cansada;
cansada de las cosas que se rompen,
cansada, eso es todo.
Yo también.
Pero vengo con un sueño en mis ojos esta noche,
y llamo con una rosa
a la desolada verja de tu corazón.

 
¡Ábreme!
Que yo te mostraré lugares que nadie

conoce
y, si tú quieres,
las perfectas regiones del Sueño.
¡Ah, ven conmigo!
yo te encenderé esa maravillosa burbuja, la luna,
que perenne flota.
Te cantaré la canción jacinto
de las probables estrellas,
y buscaré en las apacibles estepas del Sueño,
hasta encontrar la Flor Única,
que sustentará (yo creo) tu tierno corazón
mientras la luna se eleva desde el mar.
 

 

Ver Y anochece en la tierra   Oteador rip III

(Más poemas en

 http://cid-84c6f33ac3cbdb38.office.live.com/browse.aspx/Poemas%20y%20Poetas%20en%20desde%20BABiA%20-%20abierto-

8 junio, 2006

Cuando la luna es de melón, de Ana Ajmátova

Archivado en: Poesía Oteador rip — Inma BABiAS @ 17:08

 
 
Cuando la luna es de melón una tajada en la ventana y en redor es la calina cerrada la puerta 

y la casa encantada por las azules ramas de glicinas y en la fuente de arcilla hay agua fría 

y la nieve del paño y arde una bujía de cera tal que en la niñez, mariposas zumban la calma, 

que no oye mi palabra, retumba entonces de lo negro de rincones rembrandtianos algo se ovilla de pronto 

y se esconde allí a mano, pero no me estremezco, ni me asusto siquiera... 

la soledad en sus redes me hizo prisionera el gato negro el alma me mira, 

como ojos centenarios y en el espejo mi doble es tal vez mi contrario. 

Voy a dormir dulcemente, buenas noches, noche.
 

  

Ana Ajmátova (1.889-1.966)

  

Seudónimo de Anna Andreievna Gorenko, que junto a 

Osip Mandelstam fue la que encabezó el acmeísmo, movimiento 

artístico de principios del siglo XX que, en oposición al simbolismo 

preconizaba el uso de un lenguaje poético que contuviera 

significados exactos.

  

  

http://architecthum.edu.mx/Architecthumtemp/poemario/ajmatova/indice.htm

14 mayo, 2006

Poemas de Eugenio Montale

Archivado en: Poesía Oteador rip — Inma BABiAS @ 9:49
 

El subibaja blanco y negro de los

vencejos, desde el poste

del telégrafo hasta el mar

no consuela tus penas en el embarcadero

ni te devuelve adonde no estás.

 

Ya perfuma el saúco tupido sobre

la explanada, el chaparrón se disipa.

Si la claridad es una tregua,

tu grata amenaza la consume.

Marea baja 

 

Marea baja

Atardeceres de gritos, cuando el columpio
oscila en la pérgola de entonces
y un oscuro vapor apenas vela
la fijeza del mar.

Ya pasó aquel tiempo. Cruzan ahora el muro
rápidos vuelos oblicuos, el descenso
de todo no se para y se confunde
en la abrupta orilla incluso el escollo
que, primero, te trajo sobre las olas.

Llega con el soplo de la primavera
una lúgubre resaca
de existencias absorbidas; y en el atardecer,
negra campanilla, sólo tu recuerdo
se enrosca y se defiende.

Se alza sobre los terraplenes, sobre el túnel más lejano
donde el tren se mete, lentísimo.
Un rebaño lunar sobreviene
luego sobre los cerros, invisible, y los roe.

La forma del mundo

Si tiene el mundo la forma del lenguaje
y el lenguaje la forma de la mente,
la mente son sus plenos y vacíos
no es nada o casi y no puede salvarnos.

Así habló Papirio. Ya era noche
y llovía. Pongámopnos a salvo,
dijo, y avivó el paso no advirtiendo
que era suyo el lenguaje del delirio.

 Versión de: José Ángel Valente

 

CORRESPONDENCIAS

 

Ahora que en el fondo un espejismo
de vapores vacila y se dispersa,
otro anuncia, entre los árboles, el chillido
del pito real.

 

La mano que alcanza el sotobosque
y pespuntea la trama
del corazón con las puntas de la paja,
es la misma que madura pesadillas de oro
reflejándose en los charcos
cuando el carro sonoro
de Baco trae desatinados gañidos
de carneros en los remiendos abrasados de los cerros.

 

¿También tú regresas, pastora sin rebaños,
y te sientas sobre mi piedra?
Te reconozco; pero no sé qué lees
más allá de los vuelos que divagan en el paso.
En vano lo pregunto al llano donde una bruma
titubea entre destellos y disparos sobre los esparcidos tejados,
a la fiebre escondida de los rápidos
en la costa que humea.

 

EL VERANO

 

La sombra en cruz del cernícalo ignota les parece
a los jóvenes arbustos cuando fugaz los roza.
Y la nube, ¿qué ve? Tiene muchas caras
la fuente abierta.

 

Quizá en el plateado destello de la trucha
a contracorriente
también tú vuelves a mis pies, muchacha muerta,
Aretusa.

 

He aquí el hombro encendido, la pepita
arrollada por el sol,
la mariposilla enloquecida, el hilo tenso
de la araña sobre la espuma que borbota –
y algo que se cumple y demasiadas cosas más que
no pasarán por el ojo de la aguja…

Se necesitan demasiadas vidas para hacer una.

 [ Los dos últimos poemas me los he traido desde

gracias de nuevo, vecino :¬) ]

 
 
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