Pia Tafdrup (Copenhague, Dinamarca, 1.952)
Los caballos de Tarkosvski. Basarai ediciones. Traducción F. J. Uriz. 2.009
Los caballos de Tarkosvski por las últimas escenas de la película El juicio Final.
Es el título del Epílogo y último poema del libro.
Los grotescos del olvido, entre el poema del Prólogo y del Epílogo. El olvido en su padre, con alzheimer.
De Los grotescos del olvido son Blanco encabritado – páginas 43 y 43- y Escrito a mano – páginas 60 y 61-:
Blanco encabritado
Sangre roja, sangre blanca, sangre negra,
llenan el cerebro
hacen estallar el cráneo.
La tierra se agrieta, noche estrellada
sobre los campos cosechados de mi padre
donde siete caballos blancos nos llaman a que salgamos
con potentes relinchos.
-Esa gota en la memoria
es un océano lleno a rebosar.
Sangre roja, sangre blanca, sangre negra,
allí en el campo los caballos encabritados se detienen –
huidos
de un circo ambulante
o enviados, ¿de dónde?
Nosotros no tenemos caballos en la granja,
pero ¡han venido a nosotros!
Sin sillas ni jinetes…
Estoy despierta
hasta el tuétano de mi espinazo,
estoy galopantemente despierta.
Los poros de la piel se abren
desbocados,
la noche entra, fresca, clara.
Me ciegan
las panzas de blanco lunar de los caballos,
los oigo relinchar cuando nos ven
a mi padre y a mí.
Por un segundo descendente
los caballos levantan mi corazón
más alto –
de lo que nunca antes he volado en el espacio.
Caballos preparados a entrar de un salto en la noche,
salir fuera de un salto.
No hay cartel que ponga
Prohibida la entrada a los caballos
este planeta es un territorio abierto de par en par.
Todo puede pasar.
- Un océano de fuego y sal
lo inunda todo.
Pesados golpes de cascos se alejan,
después
insuperable crepúsculo. Retumbante.
Escrito a mano
Soñé que mi padre tenía un ventanuco
en el techo,
la única abertura
por la que podía mirar al exterior.
En la habitación los muebles estaban amontonados
como en un trastero.
El ventanuco estaba casi completamente tapado
con un gran pedazo de cartón
color gris de tormenta.
A pesar de ello mi padre estaba tratando
de abrirse camino
deslizándose entre armarios, cajones y un secreter
- estaba de puntillas
con el fin de mirar a través de la última rendija,
por la que aún entraba
un rayo de luz.
No se quejaba, pero yo busqué indignada
a las enfermeras por los pasillos
de linóleo de colores de emergencia
y un dolor dulzarrón enfermizo
a fruta podrida.
Había también otro problema:
¡la escritura de mi padre!
Estaba a punto de desaparecer –
o ¿ es que escribía
con tinta de nieve?
El hecho de que yo no pudiese descifrar los últimos restos
de sus escritos
me preocupaba tanto como
el panorama que le faltaba y del que no podía disfrutar.
Les pedí a las enfermeras
que le devolviesen a mi padre su escritura.
Ellas buscaron consejo en la biblioteca del olvido,
pero todos los libros estaban prestados .
Además la llave
de la caja de las plumas y el papel
era demasiado corta,
la esperanza es cosa del pasado,
se lamentaron levantando la mirada hacia el cielo vacío.
rip me recomendó este libro como lo había hecho antes con Poesía nórdica. Gracias de nuevo, oteador.






