Poemas en negrilla y oteadores en fuga

31 mayo, 2006

Poemas de Amparo Carballo Blanco

Archivado en: Poesía Oteadora DetrasDeLaValla — Inma BABiAS @ 17:05

Poemas de Amparo Carballo.

                         La sombra de las palabras. Hontanar. 

CIEGOS DE NOSOTROS MISMOS,

Los espejos nos devuelven

                                        un yo oscuro,

 

un universo

replegado en sí,

una sombra de azogue,

                              una relidad mentida.

 

 

 

VINO Y SE FUE,

agitó las ramas claras

de la sombra,

y como si nada se llevara,

se llevó de mí

la música,

el fuego,

el silencio y la palabra.

 

Vino y se fue:

se disolvió

como un terrón de azúcar

sumergido

en lágrimas

 

 

AHORA NO, DIJO EL VIENTO,

no puedo incorporarme a tu vuelo,

ni soporto

la fuerza de la luz

con que germinas.

                                  Y el corazón,

volcán de los deseos,

golondrina

que buscaba ensueños,

abrazó las sombras

                     hasta su anegamiento. 

 

24 mayo, 2006

“He vuelto a descubrir” la poesía de M. Regalado. FeLiCiDaDeS, Marce

Archivado en: Poemas en negrilla — Inma BABiAS @ 16:50

 

 

     XX Concurso Literario "Memorial Florencio Segura"  

  Madrid, 24 de mayo 2.006    Primer premio de poesía            

 

    Lo agridulce. Poema de Marce Regalado

 

He vuelto a descubrir

el aroma del lilo en mi ventana,

signos antiguos

escritos en las hojas de la higuera,

y una piel de lagarto que alguien -al fin-

dejó olvidada en el banco de algún parque.

 

Procesiones de hormigas en el patio

-sin   p  r  i  s  a  s   ni estandarte-

vuelven de las tareas de la cosecha.

Grillos, grullas, grosellas,

                   y garabatos grana.

Quizá un koan

al que debo hallar respuesta.

 

 

 

Hoy cuando he despertado

me encontré una sonrisa

que esperaba

            por mí.

Y le gustó a mis labios.

Se han vestido

con ella.

Llevaban ya semanas desnudos de sonrisas.

 

 

Y es menos acre el agridulce

y es menos lenta la mañana

y es menos nítido el recuerdo

y es menos nudo el nudo que oprimía.

 

Menos es más.

¿También koan? ¿o simple paradoja?

 

 

 

Añosas, las acacias de mi calle,

ven brotes verdes que nacen de sus poros.

Quizás es un presagio.

Quizá me gritan:

                “La palabra enmaraña el sentido de la cosa”.

Y es el silencio

el que hoy se ha preñado de elocuencia

                para exclamarlo todo.

 

Y atiendo a la palabra de la acacia

y lleno de elocuencia mi silencio

y de retoños verdes estos poros desiertos

                                        de mi piel.

 

Y reverdezco toda en brotes nuevos.

Me callo y reverdezco.

 

 

 

La palabra que endulza

no es ola buscando acantilado

                         en que romperse.

Busca arena de playa

y en ella empapa y se filtra y se confunde.

 

Despertar no es la clave.

Olvidar no es la clave.

Ni desamar, des-amar, des-armar.

 

Ni el anhelado “dos”,

Ni el amargor del “tres”,

Ni re-cordar

–cordar de nuevo-

Toda la vida huyendo de los tópicos y…

No, la clave no existe.

La victoria me ha sido regalada

y bebo del milagro. 

 

                       Y gusto su sabor.

Y bebo y me lo creo.

 

            Desplázate con el botón vertical negro de la derecha para leer el poema completo.

16 mayo, 2006

La vida que yo veo, de Bernardo Atxaga

Archivado en: Poemas en negrilla — Inma BABiAS @ 10:07
 

La vida que yo veo
anhela los extremos confines,
el Desierto, la Selva, y nada más.

Veo que Setiembre,
el de los Rojos Helechales,
deplora su materia;
que hubiera preferido ser
sólo Nieve, Inmensidad y Lobos

Veo que el Sol
sueña con la pura luz
y que la Noche
añora los tiempos primordiales,
cuando todo era noche.

Miro también a mi corazón,
y descubro que sus deseos
se resumen, desgraciadamente,
en dos palabras:
la palabra Siempre,

la palabra Nunca

Bernardo Atxaga.

Poemas híbridos. Visor Poesía

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Loquillo. La vida por delante

14 mayo, 2006

Poemas de Eugenio Montale

Archivado en: Poesía Oteador rip — Inma BABiAS @ 9:49
 

El subibaja blanco y negro de los

vencejos, desde el poste

del telégrafo hasta el mar

no consuela tus penas en el embarcadero

ni te devuelve adonde no estás.

 

Ya perfuma el saúco tupido sobre

la explanada, el chaparrón se disipa.

Si la claridad es una tregua,

tu grata amenaza la consume.

Marea baja 

 

Marea baja

Atardeceres de gritos, cuando el columpio
oscila en la pérgola de entonces
y un oscuro vapor apenas vela
la fijeza del mar.

Ya pasó aquel tiempo. Cruzan ahora el muro
rápidos vuelos oblicuos, el descenso
de todo no se para y se confunde
en la abrupta orilla incluso el escollo
que, primero, te trajo sobre las olas.

Llega con el soplo de la primavera
una lúgubre resaca
de existencias absorbidas; y en el atardecer,
negra campanilla, sólo tu recuerdo
se enrosca y se defiende.

Se alza sobre los terraplenes, sobre el túnel más lejano
donde el tren se mete, lentísimo.
Un rebaño lunar sobreviene
luego sobre los cerros, invisible, y los roe.

La forma del mundo

Si tiene el mundo la forma del lenguaje
y el lenguaje la forma de la mente,
la mente son sus plenos y vacíos
no es nada o casi y no puede salvarnos.

Así habló Papirio. Ya era noche
y llovía. Pongámopnos a salvo,
dijo, y avivó el paso no advirtiendo
que era suyo el lenguaje del delirio.

 Versión de: José Ángel Valente

 

CORRESPONDENCIAS

 

Ahora que en el fondo un espejismo
de vapores vacila y se dispersa,
otro anuncia, entre los árboles, el chillido
del pito real.

 

La mano que alcanza el sotobosque
y pespuntea la trama
del corazón con las puntas de la paja,
es la misma que madura pesadillas de oro
reflejándose en los charcos
cuando el carro sonoro
de Baco trae desatinados gañidos
de carneros en los remiendos abrasados de los cerros.

 

¿También tú regresas, pastora sin rebaños,
y te sientas sobre mi piedra?
Te reconozco; pero no sé qué lees
más allá de los vuelos que divagan en el paso.
En vano lo pregunto al llano donde una bruma
titubea entre destellos y disparos sobre los esparcidos tejados,
a la fiebre escondida de los rápidos
en la costa que humea.

 

EL VERANO

 

La sombra en cruz del cernícalo ignota les parece
a los jóvenes arbustos cuando fugaz los roza.
Y la nube, ¿qué ve? Tiene muchas caras
la fuente abierta.

 

Quizá en el plateado destello de la trucha
a contracorriente
también tú vuelves a mis pies, muchacha muerta,
Aretusa.

 

He aquí el hombro encendido, la pepita
arrollada por el sol,
la mariposilla enloquecida, el hilo tenso
de la araña sobre la espuma que borbota –
y algo que se cumple y demasiadas cosas más que
no pasarán por el ojo de la aguja…

Se necesitan demasiadas vidas para hacer una.

 [ Los dos últimos poemas me los he traido desde

gracias de nuevo, vecino :¬) ]

 
 

11 mayo, 2006

El descanso de la herida, de Asunción Escribano

Archivado en: Poemas en negrilla — Inma BABiAS @ 17:47

La Palabra como un ciervo de agua,

como un pecho blanco en que anidar

el cansancio infinito de las alas.

 

Porque en sus aves no tiene nombre la tristeza.

 

            Asunción Escribano

 

 

 

Ver Femenino plural - fragmentos de la introcción y poemas breves-

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